Hoy he tenido una de las conversaciones más difíciles. No por la complejidad del contenido, sino por el sentido de sus palabras. Aunque yo haya sido la que ha puesto dia y hora para entablar la conversación, era un momento que inconscientemente evitaba. Evitaba darle nombre a lo que nos pasa, evadir la realidad, pasar página, pero hemos tenido que detenernos para ponerle freno. Creo que uno de mis primeros recuerdos vivenciales y de razonamiento que tengo, es cuando pensé porqué mis padres no tenían amigos. Yo contínuamente los hacía (cuando entonces bastaba preguntar "como te llamas" para tener un o una amiga) pero en cambio no veía lo mismo con ellos. Siempre el uno para el otro, y los dos para mí. Recuerdo preguntarles, y recuerdo como me contestaron; con un silencio largo, miradas, y con una media sonrisa dibujada que me decían: con los años, los amigos se van perdiendo. No me gustó esta respuesta, y no la acepté. Pasaron los años. El constante rechazo por mi aspecto...
Cuando una ya tiene una edad empieza a reconocer conductas y situaciones. Es sorprendente ver como los patrones se repiten independientemente de la persona, lugar o contexto. Dá igual si se conocen entre sí, si el sitio es el mismo, o la oportunidad. Es increíble, fascinante y desesperante cuando se tratan de patrones de mierda. Por mierda me refiero a conductas de perfiles descuidados, desenfadados, irresponsables, egocéntricos, y un largo etc de valores despectivos. "Más sabe el diablo por viejo que por diablo". Yo no soy de refranes ni frases hechas, pero, la edad no solo te hace ver patrones de mierda, sino las verdades tras los dichos, y este define esta reflexión. Me tachan de tener mal humor, de ser estricta e incluso, los más débiles o incoherentes, de mala. Pero gracias a ellos hace que cada vez me apetezca más ser "diablo", porque almenos veo venir al pardillo de turno haciendo lo que su rebaño de ovejas de que forma parte ha hecho anteriormente. Así...