Acabo el año observando a mi entorno, y veo lo que nos hace sencillamente inocentes y a la vez indecentes.
Acabo el año leyendo un amigo por una red social publicando una foto de sí mismo, diciendo que se despide el 2018 con una gran sonrisa (como la de la foto) y dispuesto a repartir alegría. Lo que parece que no cuente es el mal carácter que tiene cuando se enfada y que hace apenas una semana soltaba su ira incoherente a quien no la merecía, por motivos totalmente egocéntricos e inseguros. Lo de hoy es una foto, lo de siempre es una frustración.
Acabo el año sintiéndome engañada por una amiga que, en vez de cumplir su compromiso o asumir sus errores, miente para encubrirse.
Acabo el año esperando ser seleccionada en un trabajo tras pasar por un proceso largo y meticuloso sin que nos dejen margen de error, pero viendo que el que me lo exige no es ejemplar y se equivoca, y eso hace que ya no sea seleccionada.
Acabo el año escuchando los lloros en silencio de alguien que dice estar orgullosa de ir a contracorriente de la sociedad y no necesitar a nadie. Llorando porque en el fondo quisiera ser una más del rebaño y tener motivos para celebrar lo que la sociedad nos impone. Aunque nunca lo reconocerá.
Acabo el año dándome cuenta que odio la navidad porque des del día que nací, han sido unas fechas de tristeza y poca empatía, haciéndome sentir des de niña reprimendas por no entender el dolor.
Acabo el año pensando una vez más que el ser humano es un ser básico, que busca la felicidad, que huye del conflicto, pero que no para de contradecirse para intentar convencerse a sí mismo y a su gente que nuestra vida es una mierda y siempre necesitamos de los demás para ser felices.
Yo creo que la clave de la felicidad es estar bien uno mismo en cualquier situación de la vida, siendo fácil o no. Ser coherente, razonable, facilitador, sincero, asumiendo consecuencias desde un punto de vista optimista, luchador.
Compartir con quien queramos sin tener que dar explicaciones ni excusas a nadie, valerse por sí mismo y pasarlo bien solos y solas.
Eso es la felicidad, y no lo que vamos contando a través de las redes sociales. Todo el mundo es valiente tras una pantalla, y cada uno se construye su universo sin pensar a quien estamos pisando.
Damos pena.
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